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Recopilación de comentarios en Foro Ateo

Ante el aviso de EsPaFa sobre la posibilidad de que mis posts fueran borrados, los transcribiré a los comentarios de este hilo.


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  1. Puse en Google "Por qué soy cristiano" para recabar referencias sobre mi última lectura navideña y me encontré ésto; esta cosa, este foro. Vergonzantes las intervenciones de algunos sujetos cuyos apodos me niego a intentar recordar y que practican el universal e intemporal arte de pontificar criticando desde la ignorancia. Y lo peor de todo es que, encima, lo hacen portando la autodenominación de ateos; denigrando, en consecuencia, tal condición. Intento sobreponerme a la indignación que tal cosa me produce para arrojar algo de luz sobre el personaje y su obra en este foro de tinieblas en el cual me acredito, anticipándome a su laica crucifixión, como ateo. Pero ateo de los de verdad, es decir, de los que han pensado por qué deberían serlo; no como esos impostores que se reparten entre los anticlericales, antirreligiosos, conversos resentidos, marxistas y pasotas en general cuyo ateísmo caricaturesco usan -y con razón- los militantes del credo teísta para ridiculizar esa postura -con notable éxito por cierto- entre el vulgo que mayoritariamente se encuentra instalado en la inopia o en su sofisticación posmodernista: el agnosticismo.

    Pues cierto día, y por casualidad, me encontré con un señor que, por su manera de hablar y de discurrir, estaba dignificando la caja tonta: esa Universidad democrática de las masas que es la televisión. No podía creerlo: un pensador -¡y español!- que con un agradable talante socrático argumentaba desde el conocimiento científico concreto de la realidad y no desde el dogmatismo de ningún dudoso sistema metafísico. Me interesé de inmediato por su obra y no me defraudó en sus planteamientos ni en sus conclusiones. Y es que José Antonio Marina -a parte de ser un entretenido prosista, un verdadero maestro utilizando las palabras con pleno conocimiento de causa y sentido, y un erudito de la historia de la filosofía, del arte y de la ciencia- es sobretodo un tipo inteligente, o lo que es lo mismo: bueno. Y siendo así que encima tratase de fundamentar la nobleza y su ciencia, la ética, de manera universalizable, me acabó de conquistar.
    Pronto conocí las interpretaciones que de su creación circulaban por ahí: o un brujo vendedor de humo para el rebaño que sólo posibilita a la ética como revelada o relativa, si es que lo primero no implica lo segundo y viceversa, o un profeta de la autoayuda en el mejor de los casos. Sin embargo, un filósofo de los pies a la cabeza para los que leímos su documentada y fundamentada "Teoría de la Inteligencia Creadora", su hermenéutica historiografía del derecho en "La lucha por la dignidad" y su profunda reflexión acerca de la experiencia religiosa en "Dictamen sobre Dios".

    En esto que, tal y como prometiese en "Dictamen" y en alguna que otra conferencia que le pude oír, nos presenta un libro al que titula con valentía -y astucia mercantil- "Por qué soy cristiano", sometiéndose con su decisión tanto a la feroz crítica desde la exégesis bíblica de los crédulos de la secta judaica como al desprecio de aquellos autoconstituídos como ideólogos de lo políticamente correcto, postura que en su versión mas salvaje se reduce a un cientifismo burdo aderezado de cierto relativismo antropológico de tendencia antioccidental -entendiéndose por Occidente la Cristiandad- que ataca por sistema a todo el que insinúe que en el terreno de la religión "hay más leña de la que arde."
    Y es que ¿cómo se puede atrever un tipo que va de serio y con pinta de sesudo, discípulo de Husserl, a manifestarse como un vulgar y decadente cristiano? ¿Acaso no habíamos matado y enterrado ya, los más feos, a esa infantil y ñoña superchería fundada en el miedo y la debilidad de carácter para que ahora venga éste sujeto a hacerle el boca a boca?
    Pues sí. Resulta que durante 150 páginas Marina explica de manera satisfactoria que se puede seguir al que se acabase por considerar El Cristo profetizado desde la pura y simple experimentación de su mensaje. Que por debajo de las teologías, las entelequias gnósticas, los puritanismos de salón, los fantoches de la cofradía del Santo Reproche, y los puros y duros amantes del poder y la sumisión mandobediente, se esconde toda una tradición de experiencia que, establecida como utopía, como confianza en la fe que dio un señor de que las cosas irían a mejor, puede -y de hecho con sus cimas y sus valles así ha sido- humanizar el mundo, es decir, dignificarlo. Resulta que estudiando con rigor la historia de la génesis de esta ideología que traspasa Occidente y desbrozándola de malinterpretaciones, sobreinterpretaciones y decididas patochadas fantasiosas -verdadera basura filosófica- podemos hallar un mensaje que enlaza a la perfección con la concepción que de la inteligencia y su finalidad práctica tiene Marina; con que la constable universalidad de la experiencia mística de lo que filosóficamente podemos llamar la dimensión divina de la realidad hace que el mensaje del carpintero Jesús sea toda una llamada a fabricar el bien en la Tierra y así prolongar la divinidad de la existencia al menos hasta el mundo de los hombres.

    En conclusión, para Marina, hacerse cristiano -esto es, resucitar en nuestro interior el espíritu del mensaje de Jesús- no es más -ni menos- que comprometerse a divinizar la realidad creando la ética, comprometerse a convertirse en la providencia de la sustantivación de una existencia que, como diría el íntrigante místico Thomas Eckhart, diosea.

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  2. A Invitado:

    "¿Y cuál es según tú ese mensaje? Es lo que te falta por decir. Porque se le han atribuido muchos."

    Nadie mejor que el propio Marina para esclarecer tu duda acerca del que, bajo su interpretación, es el mensaje de Jesús y la razón por la que se considera cristiano:


    "Jesús proporciona una interpretación de Dios, de la dimensión divina de la realidad, que encaja perfectamente con mi modo de entender el mundo, y que puedo por lo tanto acoger. Dice que al Absoluto no se le puede conocer pero que se le puede realizar (...) Dios es acción creadora (bondadosa) y quien realiza esa creación participa de Dios, colabora con Él, se convierte en su providencia y ayuda a la implantación del Reino. El bien -por ser divino- es todopoderoso. La agapé (amor creador) es supervictoriosa.
    Además, propone un método. Buscar la justicia es buscar a Dios. ¿Y como se puede buscar la justicia? La tradición cristiana respetó siempre la inteligencia. Es ella la que tiene que ocuparse de hacerlo (...) La religión había dado a luz a la moral, que cuando alcanzó la mayoría de edad se convirtió en ética, que a su vez criticó parte de la moral de la que procedía. Ocurrió lo mismo en el campo filosófico. La Física filosófica cuando se hizo mayor de edad se convirtió en Física positiva, que acabó criticando muchas de las posiciones de su progenitora. La búsqueda de Dios -precepto religioso- se transforma en búsqueda de la justicia -precepto ético.

    La figura de Jesús en la actualidad incluye una experiencia originaria, un proyecto y una dogmática. Ya he explicado cuál es a mi juicio la experiencia básica de Jesús: Dios como energía creadora participable. Me interesa. También he explicado cuál es su proyecto: el Reino de Dios y su justicia. También me interesa. En cambio, la dogmática me parece un fruto excesivo de la interpretación "gnóstica", empeñada en hablar de lo que no se puede hablar. El triunfo de la interpretación moral supondría una rebaja dogmática, una descarga conceptual, una puesta en sordina de muchos asuntos, y en el caso católico un humilde y confortador reconocmiento de la falibilidad.

    Pero hay algo más. Jesús hizo también una promesa. La "agapé" acabará triunfando sobre el mal y sobre la muerte. Para comprobarlo habrá que ponerla en práctica. No hay forma de saber si esto será así o no. Más aún, todo apunta a que el mal es más poderoso. ¿Debo fiarme de esta promesa? ¿Será Jesús fiel? (...) Voy a fiarme de él, a ver qué pasa."

    Por qué soy cristiano, 148-149


    A San Atanasio:

    "En todo caso, me parece atisbar una defensa de los valores cristianos. ¿Te refieres a lo que podamos "saber" de Jesús de Nazaret o te refieres a los valores que transmite la Iglesia Católica?"

    Me refiero expresamente a los valores que el autor atribuye al mensaje original de Jesús y que puedes extraer del párrafo de arriba. Marina se aleja de cualquier modo organizado de cristianismo diciendo que "si ser cristiano quiere decir creer en un jefe de Estado que tocado con una tiara bizantina dice desde su palacio vaticano que es infalible y prohíbe el uso de la píldora anticonceptiva, o se entiende por ser cristiano emocionarse con la romería de la Virgen del Rocío o dejarse timar afectivamente por los telepredicadores neocon americanos, no cuenten conmigo, es un plato demasiado indigesto para mí."


    A Boyle-Eud:

    "Leo y no salgo de mi asombro. ¡Por fin! lo que tanto esperaba: un ateo iluminado" (...) "Los verdaderos ateos debemos creer en la Biblia, en la misión salvadora de Jesús, en la providencial de su católica iglesia y debemos afiliarnos al PP?"

    Si es de ungidos el abominar de ese ateísmo de ñoña especie, superficial e irreflexivo, y de los discursos inquisitoriales cutres -al menos los inquisidores históricos habían leído la causa que juzgaban- entonces sí que hablo desde la iluminación. Pero hay que ser comprensivo ya que si, como dice Marina, el propio "Nietzsche se dejó convencer por esas representaciones confitadas de Jesús cuando lo describía como "el hombre de instintos débiles, que lleva el reino de los cielos en su corazón, en su corazón suave y de vida débil. Jesús es la antítesis de lo heroico. Es el que no lucha jamás"..., entonces qué no habrá que hacer con vosotros, ampulosos incrédulos.
    Preguntas, con criterio, en qué debes de creer. Pues como ateo en que no existe un demiurgo, que el mundo sea el proyecto de alguna inteligencia. Y poco más. Lo que Marina afirma durante 7 de los 8 capítulos de su último ensayo no es objeto de creencia, sino de conocimiento refutable y universalizable: datos históricos y bibliográficos, exposición de las investigaciones de los principales eruditos en la materia y una teoría de la doble verdad bien sencillita.
    Y lo que al final expone, sin más pretensión que la de confiarnos su verdad privada, no es ningún teísmo ni deísmo, sino más bien cierto panteísmo basado por una parte en lo que la filosofía puede decir acerca de lo divino y por otra en lo que las religiones y sus místicos han dicho a lo largo de la historia. En "Por qué soy cristiano" Marina analiza este segundo factor en su versión cristiana, con la que se identifica. El primer factor quedó bien explicado en los 5 puntos de la conclusión de su "Dictamen sobre Dios":

    "1- Principio de la materia abierta.

    La ciencia nos enseña que la materia inorgánica ha evolucionado hacia la materia viva, y ésta a la materia consciente, y ésta hasta la persona humana, meidante colosales saltos de fase. No es posible demostrar que éste sea el punto final de la evolución. Tal vez la materia, que ya nos ha dado tantas sorpresas, que se ha hecho tan voluble, poderosa y libre, tenga posibilidades aún implícitas. Mi opinión es que la inteligencia humana es una gran posibilidad de la materia abierta, y que ella se encargará de proseguir la evolución de la materia.

    2- Principio de la existencia.

    La existencia es autosubsistente. Esta proposición me parece analítica. Lo único que dice es que el orden entero del existir debe incluir en sí la existencia de sus condiciones de existencia. En otros términos: o el universo es autosubsistente o debe su existencia a otro ser, que sería también existente. Las diferencias se dan en la esencia, no en la existencia. Tradicionalmente, la teología definió a Dios por su autosuficiencia. Es el ser que existe por sí mismo. En ese caso, el existir que percibimos en el universo material es Dios o manifestación de Dios. Vuelvo a decir que estoy diciendo muy poca cosa, que esto es una tautología. Algo así como decir que el existir existe. Si llamamos al Ser autosubsistente Dios, podemos decir que Dios existe, que existe como universo material, y que por ahora no sabemos si existe además de otra manera -como espíritu, persona trascendente al mundo material, Conciencia pura, etc.
    La ontología estudia la existencia de Dios, y a mi juicio debe declararse incapaz de averiguar nada acerca de la esencia de Dios, salvo que , como la materia, es parcialmente vivo, parcialmente consciente y parcialmente personal. Averiguar la esencia de Dios es tarea de las religiones. La ontología deja al sujeto profano en la puerta del círculo sagrado. Entrar o no ya es cosa suya, no de la ontología.

    3- Principio de la conciencia.

    Con el ser humano aparece en el universo (conocido) una inteligencia consciente. Al reflexionar sobre sus propias acciones, percibe su existir como "consciente, afectivo, donador de sentido y creador". El actuar humano es una innovación ontológica, porque aumenta las posibilidades de lo real. Hace aparecer grandes novedades: el mundo simbólico, el arte, la ciencia, la ética. Amplía la esencia divina, si tomamos prestado el lenguaje al círculo religioso. García Bacca, un gran filósofo español, decía que los grandes científicos y los grandes artistas son los más profundos teólogos. Son amplificadores de la divinidad. Como metáfora exaltada, lo acepto. Percibir la energía creadora es sin duda una bella experiencia de la divinidad, es decir, del existir en su forma inventora.

    4- Principio de no causalidad.

    La autosubsistencia del existir niega el principio de causalidad. Existe algo que no puede tener causa. Ésta es la idea aprovechable de las demostraciones clásicas de la existencia de Dios. Lo que sucede es que la utilizaban al revés. Se basaban en el principio de causalidad para después concluir que había una excepción al principio, lo que invalidaba la demostración. Me parece más adecuado comenzar negando el principio de causalidad como principio trascendental que afecta a toda la realidad. El análisis conceptual del hecho de que la realidad existe nos impone a afirmar un principio de autosuficiencia. Algo, no sabemos cuándo ni cómo, existe sin que tenga posibilidad de antecedente, que sería un no existir, un no ser, nada, una mera ficción de la inteligencia humana. De lo ficticio no puede salir lo real.

    5- Principio de la dimensión divina de la realidad.

    La realidad existe: ésta es su dimensión divina, que es afirmativa, autosuficiente, única, sin contrarios. Tiene la universalidad de las leyes de la naturaleza. Carece de límites porque sólo podría limitarla lo no existente. Es enigmática por su carácter absolutamente positivo, por su radicalidad: no hay más o menos en el existir. Se es o no se es. No hay nada fuera de ella, porque incluso las condiciones para su propio existir, si las tuviera, pertenecerían también al orden de lo existente. No puede deducirse de otra cosa, porque existiría también. Vayamos donde vayamos no salimos del ámbito del existir. La línea del existir se cierra sobre sí misma en un círculo cerrado y tautológico. En él estamos, nos movemos y somos. Para el ser humano, su fulgor afirmativo emerge y se concreta en la conciencia que tiene de la realidad. Por eso los maestros hindúes pensaron que el Absoluto, la fuente última, la índole radical de la realidad, era la Conciencia, y que esa unión inevitable, que de puro sabida no nos maravilla, entre nuestro percibir y los percibido, nuestro pensar y lo pensado, esa tenaz presencia íntima de la realidad ajena, la ligadura inquebrantable que enlaza nuestra conciencia con las cosas de las que somos conscientes, era la última realidad. No hay por qué quedarse en esto. La dimensión divina -la existencia de lo real- se despliega en materia abierta, inventiva, que da sorprendentes saltos de fase: de inorgánica pasa a orgánica, de orgánica a consciente, de consciente a reflexiva y libre. Tenemos pues que atribuir a la dimensión divina de la realidad todos esos rasgos que la realidad tiene."

    Y concluye:

    "¿Podemos pasar de la dimensión divina de la realidad a la afirmación de Dios? Veamos. ¿En qué consistiría ese paso? En aislar, dentro de la realidad existente, una parte que fuera el origen del resto, unida y separada de él, creadora de algo exterior a ella misma, a la que podríamos considerar personal, es decir, inteligente, volente y libre. A tanto no llega, a mi parecer, la filosofía. Tampoco creo que sea necesario (...) Si quieren una definición, se la daré. Dios es la sustantivación de la dimensión divina de la realidad. Nuestra inteligencia convierte en sustantivo todo lo que aspira a conocer con facilidad. Del vivir saca la "vida", del comportamiento inteligente la "inteligencia", del subir, bajar, correr o saltar el "movimiento". Dios es un sustantivo, un concepto que inventamos para designar una dimensión de la realidad que percibimos."

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  3. A Voltaire_2005:

    "Esto es lo que no parece quedar claro en las "Notas del autor" de Por qué soy cristiano. ¿El señor José Antonio Marina cree que existe un dios?"

    A su pregunta, y para evitar multiplicaciones innecesarias, le remito al hilo en el que empezó la discusión y donde podrá leer la opinión del propio Marina sobre el asunto. Si le interesa mi interpretación, le diré que para él, un fenomenólogo que maneja la ontología existencialista, la realidad se divide en esencia y existencia. Según sus estudios, la sorpresa ante la existencia y su interpretación en clave trascendental -en lo que se viene a llamar experiencias religiosas- ha llevado a los hombres de manera casi universal desde el inicio de los tiempos a la creación de tradiciones de transmisión de aquellas de esas experiencias que consideraron valiosas. Habrá que esperar al surgimiento del existencialismo para poder hablar desde la razón de este encuentro con el Ser y poder así reinterpretar a las religiones como intentos de otorgar esencia -algo que la filosofía no puede hacer, ya que desde Kant no podemos aventurarnos con éxito en lo trascendente- a esta dimensión existencial de la realidad. Marina se da cuenta de que aquellas propiedades -infinitud, omnipotencia, eficacia de lo real, afirmatividad, etc.- que tradicionalmente las religiones han atribuído a lo divino -en los monoteísmos a Dios- se pueden predicar precisamente de la existencia y es por esta razón que llama a la existencia la dimensión divina de la realidad. El objeto cultural Dios es, por tanto, tan sólo una manera particular -aunque extendida en toda una cultura- de poner nombre a algo que es una cualidad de la realidad.

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  4. Al Sr. Voltaire_2005:

    "Señor J. A. Marina: no le he podido escribir porque en su página web no hay ningún correo al que poder dirigirle la pregunta..."

    En la página de Marina puede mandarle un correo haciéndole la correspondiente pregunta. El correo se encuentra en la sección "desván" del apartado "autor". También, en el mismo apartado y en la sección "conversaciones", puede escuchar una entrevista al autor sobre su libro.

    A Brigantium y Tapabastes:

    Ante todo quiero dejar claro que tan sólo expreso mi interpretación privada acerca de este asunto basada en la lectura de algunas de las obras de Marina. A parte de en su página personal y en las librerías, pueden encontrar más información sobre sus tesis en esta conferencia.

    Así pues, desde mi opinión personal, comentaré algunas de sus dudas:

    "Entiendo pues que las experiencias religiosas son una interpretación de la realidad"

    No exactamente. Las experiencias -toda experiencia- son previas a la interpretación que hagamos de ellas o de lo que entendamos por realidad. Los fenomenólogos tratan de evitar cualquier interpretación metafísica de los fenómenos, como la imputación de si son representaciones (apariencia) de alguna realidad objetiva inmanente o trascendente; es decir, como diría Kant, si existe un noúmeno detrás del fenómeno. Por esta razón Marina ni afirma ni niega que las experiencias que los místicos dicen poseer procedan de una realidad trascendente, de algún proceso inmanente poco conocido o un simple producto de su mente. Marina lo único que dice, como fenomenólogo, es que tales experiencias existen -pensar que los testimonios de miles de místicos durante milenios y en todas las culturas son simples mentiras le parece inconcebible- y que son consideradas por los que hablan de ellas como religiosas. Por tanto él se sitúa como un observador que, partiendo de la constatación de la existencia de tales experiencias, intenta explicar las consecuencias culturales que han tenido y de qué manera podemos relacionarlas con lo que la filosofía -la razón- nos puede decir del mundo.


    "...entiendo implicitamente que esa interpretación es subjetiva, no objetiva, ya que hay distintas interpretaciones"

    Sí, dejando claro lo que le digo arriba. Marina no duda de la existencia distinta y diferenciada de estas experiencias -pensando siempre en las personas que no mienten. Pero que la causa de tales experiencias sea religiosa (usease extramundana, trascendente, del más allá, de otra realidad invisible, etc...) es una interpretación subjetiva de quien la siente, y que nos sirve para etiquetarlas como experiencias religiosas.


    "Además es arbitraria, ya que sólo se transmiten las experiencias que los antiguos consideraban valiosas"

    Bueno, esta afirmación es interesante. ¿Son los valores producto de la arbitrariedad? Marina no piensa eso. Según Marina las experiencias religiosas han sido fundamentales en la creación de la ética (que es una moral transcultural) y como prueba de ello afirma que todas las grandes religiones coinciden a grandes rasgos en aquello que consideran bueno, aunque lo justifican, obviamente, según dogmas y principios teológicos diferentes y a menudo contradictorios. Esto no siempre ha sido así y Marina recuerda que v.g. el Dios del antiguo testamento era un ser cruel que a partir del siglo sexto a. C. -más o menos- se fue moralizando. Para Marina las grandes religiones son creaciones corales, tradiciones de experiencia que empiezan con la de un individuo que por alguna o algunas razones supo conmover a sus prójimos y a la que posteriormente se van añadiendo las de miles de individuos que han transfigurado su percepción de las cosas conforme esa experiencia inicial. Así un místico cristiano actual pensará que es iluminado por el Dios cristiano, y no pensará que lo es por Buda. Es decir, la explicación de las experiencias y su valoración son productos de la cultura, lógicamente.

    "¿Desde cuando la infinitud y la omnipotencia es una cualidad de lo real?"

    Intentaré explicarlo bien. Lo real, según la ontología existencialista, está compuesta por esencia y existencia. La esencia es múltiple mientras que la existencia es única. No existen grados de existencia. O se existe o no se existe. A esto es a lo que me refiero con la afirmatividad -o digamos mejor la radicalidad- de lo existente.

    Bien, la existencia es infinita. ¿Por qué?

    ¿Cómo se puede limitar lo existente? Todo lo que limite a lo existente es algo, existe. Luego sólo la nada puede limitar a lo existente. Pero la nada no es más que un artificio lingüístico para negar a lo existente. Negar a un perro es inventar el no-perro, que es algo que carece de sentido. Todo aquello que no son perros son otras cosas existentes, pero el no-perro no existe. Así, por tanto, la existencia no se puede limitar, luego es infinita. A todos aquellos que estén pensando en el universo autocontenido de la cosmología moderna tan sólo decirles que la existencia es una cosa mucho más amplia que el universo que se puede conocer afirmativamente. La infinitud de la existencia es de naturaleza lógica, no empírica.

    La existencia es incausada, autosuficiente. ¿Por qué?

    Es una consecuencia de lo anterior. Algo, no sabemos cuándo ni cómo, existe sin que tenga posibilidad de antecedente, que sería un no existir, un no ser, nada, una mera ficción de la inteligencia humana. De lo ficticio no puede salir lo real.

    La existencia es omnipotente. ¿Qué quiere decir esto?

    Dice Marina que "la realidad que existe es toda la potencia que hay". Cualquier cosa que fuese susceptible de existir existirá en la existencia y en ella se encuentra en potencia todo lo que es susceptible de existir. Espero que no se lien con la palabrería escolástica. El término "omnipotencia" procede de la ontología aristotélica en la cual se consideraba que las cosas eran lo que eran y lo que podían ser. Pues bien, en la existencia -según esta ontología- se encuentra todo lo que algún día podrá ser. Es por tanto, omnipotente.


    "...me parece que la divinidad entendida desde el punto de vista de cualquier religión tiene otras cualidades aparte de esas. Por ejemplo reencarnarse en hombre, premiar y castigar, provocar diluvios universales, atender a ruegos y súplicas,... ¿También eso lo ve Marina como una cualidad de lo real?"

    La respuesta es no, aunque con matizaciones. Si la existencia es la dimensión divina de la realidad (por tener las propiedades fundamentales que tradicionalmente se han atribuido a lo divino) entonces todo hombre participa de la divinidad por el simple hecho de existir. Precisamente esto es lo que Marina interpreta que transmitía Jesús cuando decía -según se le atribuye- que "todos somos hijos de Dios". Por descontado que no piensa que Jesús hiciera milagros ni que fuera más que cualquier otro hombre. Eso son atributos que la dogmática posterior, por la contaminación gnóstica que sufrió, le imputó con efecto, sobretodo, de equiparar a Jesús con otros personajes cuyos mitos suponían nacimientos virginales, sanación de enfermos, etc. Hasta se llegó al punto de igualar la naturaleza de Jesús a la divina y de afirmar que el reino de Dios que profetizaba era el reino de los "cielos", una clara muestra de contaminación neoplátonica.

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  5. Vamos a ver Voltaire_2005:

    "¿Y tú consideras EsPaFa que un filósofo -que significa el que ama a la sabiduría- debe de creer en un mito como es "Dios" y en otro mito como es "cristo"?"

    En primer lugar, un filósofo (y un científico) puede tener creencias privadas y no por ello ser un mal "amante del saber". Marina dedica uno de los capítulos de "Por qué soy cristiano" a explicar una teoría de la verdad que viene a distinguir dos ámbitos de verificación: el privado y el público. Las verdades científicas y éticas se demuestran (o refutan) en el ámbito público y las verdades religiosas, sentimentales y estéticas se comprueban en el ámbito privado de las personas. Mientras que aquellas pueden aspirar a cierto estatus epistemológico universal, estas últimas jamás pueden salir de su estatus de verdad privada. Así, todo lo que Marina explica en 7 de los 8 capítulos del libro no son más que datos sobre los textos y las investigaciones históricas que se han hecho sobre la figura de Jesús. No son creencias, sino conocimientos científicos que podrán ser más o menos discutidos pero que no son creencias religiosas. Y es en el último capítulo donde expresa su particular confianza -previa aclaración de que no es más que una creencia privada suya- en que cuando hacemos el bien estamos divinizando la esencia del mundo y que el ágape predicado por Jesús (el amor creador) triunfará sobre la crueldad del mundo.

    Marina ni cree en el mito "Dios" -es decir en la esencia que le otorga la teología cristiana- ni en que Jesús sea "el Cristo". En el libro deja bien claro el momento histórico en el que se le atribuyó a Jesús la misma sustancia de la que Dios está compuesto, pero claro, si no lo has leído es difícil que puedas saberlo y criticarlo con algún fundamento.

    "Eso que lo crea la gente llana del pueblo completamente inculta es comprensible, pero que lo crea un filósofo que pasa por ser uno de los más importantes de España es una barbaridad como la copa de un pino..."

    Un aspecto que me disgusta particularmente es la atribución que haces -al igual que otros antirreligiosos- de ignorancia en la gente que cree en alguna realidad trascendente. Esto es, simple y llanamente, llamar incultos a la gran mayoría de la humanidad de todas las épocas y culturas del mundo. El sentimiento religioso no pertenece a la infancia de la humanidad -como pensaba Comte- ni mucho menos es privativo de gentes desinformadas. Si seguimos la interpretación de Marina, la experiencia llamada religiosa es el apercibimiento de la Existencia y las religiones las creaciones culturales correspondientes para hacer inteligibles, ordenar y dar sentido a tales experiencias.

    Muy resumidamente así narra Marina la creación de la religión en "Dictamen sobre Dios":

    "El ser humano muestra algunas insistencias sorprendentes. Crear es una de ellas. Todas las sociedades han inventado lenguajes, formas artísticas, teorías para explicar la realidad y para manejarla, normas, costumbres y religiones (...) La existencia del arte, de las ciencias o del derecho no nos plantea problemas. Todo el mundo reconoce su utilidad o su atractivo. Pero la unanimidad se rompe con la religión. Para muchos seres humanos constituye la parte más importante de sus vidas. Para otros, en cambio, es una superchería, un peligro, un vestigio de la infancia de la humanidad, que convendría erradicar.

    (...)

    Creo que para comprender los objetos culturales -ciencia, religión, arte, derecho, lo que sea- hay que relacionarlos con la inteligencia que los crea. En cuanto productos de la inteligencia humana, tan inventada es la ciencia como la poesía, la religión como las matemáticas, la ética como el ajedrez. Unas creaciones alcanzan la verdad, otras la belleza, otras el bien, otras la diversión (...) La religión es una invención que a partir del mundo visible intenta encontrar la supuesta mitad del símbolo [etimológicamente símbolo es contraseña, una moneda partida que servía para que el poseedor de una mitad reconociera al desconocido poseedor de la mitad restante] (...) Rodea a los acontecimientos más cotidianos con rituales que los salvan de su intrascendencia y los hacen, para bien o para mal, trascendentes. No sólo las cosas, también los actos son más de lo que parecen. Se inventa así una "poética de lo cotidiano", que subraya religiosamente los acontecimientos diarios (...) La presencia de lo invisible es el comienzo de lo sagrado (...) Más adelante tendremos que averiguar si esta insistente poética es verdadera, es decir, si hay razones para pensar que la otra mitad de la moneda existe."

    (...)

    ¿Cómo es esa inteligencia inventora de dioses? Como es siempre la inteligencia humana: afectiva, práctica, verificadora, simbólica y narrativa (...) La religión nace de un sentimiento, de una evidencia afectiva, y su valor va a depender del valor que le atribuyamos a esta evidencia (...) Los sentimientos son simbólicos. Son también expresivos -es decir, emiten signos- y comprenden los signos emitidos por otros. Postrarse en la tierra es signo de veneración o temor. El llanto es una expresión simbólica que muestra o revela la tristeza de una persona o el malestar de un bebé (...) Pues bien, creo que las religiones tienen su origen en la índole práctica, afectiva y simbólica de nuestra inteligencia. El ser humano aplica a la realidad entera esas estrategias fastuosas que le han permitido sobrevivir. Convierte todas las cosas en expresiones y huellas. Puede duplicar el mundo con colosales alegorías"

    Posteriormente va desgranando esos sentimientos que el hombre hace símbolos de lo divino. Sólo me referiré a uno de ellos:

    "Los creadores religiosos se han sentido siempre ligados al poder que estaba más allá de los fenómenos naturales: la fecundidad de las mujeres y de los campos, las montañas tan cercanas a la luz, el firmamento, los héroes, los guerreros valerosos...(...) Esta experiencia del "poder en lo real" aparece en muchas culturas (...) En las escrituras sagradas indias este sentimiento de la "presencia del poder en lo real" se analiza de un modo que me parece profundo y revelador. Lo sagrado es el poder que funda el dinamismo natural de las cosas. Hace crecer el maiz, permite que las causas causen, que el agua sacie la sed, que la luz ilumine, que las mujeres tengan hijos (...) Lo divino aparece como poderoso antes que como bueno"

    En definitiva, lo que Marina encuentra es como las religiones no son producto de la ignorancia científica sobre el funcionamiento del mundo. De hecho nada tiene que ver el estado de nuestro conocimiento con el sentimiento religioso. Las religiones surgen de experiencias muy anteriores a cualquier intelección y que tienen que ver con los sentimientos más profundos que la realidad nos provoca.

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  6. A Tapabastes:

    "Yo no entiendo qué sentido tiene llamar Dios a la Tortilla de Patatas"

    Investigar lo que hay detrás del concepto de Dios no me parece un acto carente de sentido. Como dice Marina, "cualquier espíritu avisado [en nuestra civilización] encuentra en medio de su horizonte mental, como un menhir gigantesco, un poderoso objeto cultural -Dios-, y también se ve enredado en una tupida urdimbre social -la religión- (...) Ser culto implica comprender y evaluar las creaciones culturales, por lo tanto si queremos serlo tenemos que saber a qué atenernos respecto de Dios y la religión, alejándonos de todo tipo de simplezas. Tanto de las simplezas del sí como de las simplezas del no." El que ahora, desde la fenomenología y su desarrollo existencialista, podamos relacionar esa idea, ese concepto, con el de Existencia es otro paso más -a mi juicio un hito- en la comprensión de las causas y el funcionamiento del fenómeno religioso.

    "Y tampoco entiendo mucho que ese señor se autodenomine cristiano"

    A explicar eso dedica todo un libro J. A. Marina. Mi interpretación ya la he expresado en varias ocasiones pero me remito a sus palabras: "El cristianismo es un modo de comportarse, y no puede consistir más que en la puesta en práctica de la gran creación ética. Lo único que añade es la referencia privada de Jesús." En este sentido, continúa, "un buen musulmán sería el que colaborase en la construcción del Reino remitiéndose a Mahoma, y un budista a Buda."


    A Voltaire_2005:

    "La existencia del tal Jesús está aún por demostrar por las iglesias cristianas"

    Bueno, no son los teólogos los que tienen que demostrar la existencia de Jesús. Tal cosa compete a los historiadores, es decir, a la ciencia; y hay que decir que lo contrario, demostrar la inexistencia de algo en un lugar -un tiempo- al que no tenemos acceso, es casi un milagro epistemológico. De todas maneras, suponiendo que tal cosa fuese posible, los fieles en alguno de los dogmatismos basados en la figura de Jesús creen en él y en su naturaleza divina porque así lo establece un dogma de fe y, en este sentido, poco les importará lo que la investigación científica dictamine (los hombres se pueden equivocar pero Dios no miente). Sobre este asunto, después de estudiar muchas de las fuentes disponibles, Marina opina que "a lo más que podemos llegar al investigar sobre el Jesús histórico es a averiguar lo que los primeros cristianos creyeron sobre el Jesús histórico." Y es que Jesús, caso de existir, no dejó nada escrito y sacar de las palabras de sus discípulos las exactas del maestro parece tarea imposible. Así al menos, según explica Marina, le pareció a Joachim Jeremias, "un investigador protestante, profesor de Gotinga, que murió en 1979, que dedicó gran parte de su esforzado trabajo a intentar recuperar las mismísimas palabras de Jesús, a descubrir los ecos del arameo originario, sus ritmos, los hallazgos retóricos y poéticos del personaje. No contento con eso, buscó además las palabras de Jesús que no constan en las Escrituras canónicas. Aprovechó todos los recursos imaginables: las adiciones y variantes de los manuscritos de los Evangelios, los apócrifos cristianos, los Padres de la Iglesia hasta el año 500, las liturgias y ordenamientos eclesiásticos, los discursos de himnos gnósticos, el Talmud, incluso una inscripción árabe del siglo XVIII existente en una mezquita del norte de la India. Al final de tan azarosa búsqueda, tuvo que reconocer: "En su conjunto, todo ese material es legendario y lleva la marca evidente de la falsificación"

    Un comentario más que dejo para la reflexión de este asunto es el de Edward Schillebeeckx, un fraile dominico holandés. Marina se plantea lo siguiente: "Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de su maestro, los discípulos huyeron decepcionados. Si su maestro había fracasado, ¿por qué volvieron a reunirse los discípulos? La respuesta que da Schillebeeckx es: 'Porque tuvieron una profundísima experiencia que relacionaron con la figura del ajusticiado'. Este texto me hizo comprender que el cristianismo entero no tenía su fundamento vital en los hechos históricos, sino en la experiencia de unos hombres, que la contaron a su manera"


    "Si Marina es cristiano y cree en el Dios cristiano entonces, en todo caso, es un mitólogo no un filósofo, además de un simple creyente ingenuo y elemental, crédulo hasta el tuétano. Un creyente en mitos."

    ¿Acaso si un meteorólogo dice creer que en el todavía lejano día de su boda no lloverá deja de ser un buen meteorólogo? Marina explica en "Por qué soy cristiano" una teoría de la verdad que se basa en la diferencia que hay entre aquellos juicios cuyo ámbito de justificación es públio y aquellos cuyo ámbito de justificación es privado. Estas verdades privadas no son únicamente las religiosas, sino también las sentimentales o las estéticas. Todo el mundo cree en cosas que no pude demostrar de manera universalizable. Seguro que hasta tú confías en el amor de alguien o piensas que cierta persona es mas atractiva que otra. Estas verdades se basan en evidencias privadas y por tanto no puedes esperar poder elevarlas a verdades universales. Y que algo no pueda universalizarse no quiere decir que sea falso. Por ejemplo, una de estas dos afirmaciones es materialmente verdadera pero su universalización no es posible: i) El número de estrellas es par, ii) El número de estrellas es impar.

    Marina no pretende elevar su confianza en el mensaje de Jesús (según su interpretación) a verdad universal. Como ya te dije anteriormente, distingue claramente en su libro una parte de pura investigación bibliográfica, hermenéutica, sobre la figura de Jesús de otra parte en la que expresa su interpretación personal del asunto. Lo importante es diferenciar cuando se actúa en el mundo de las verdades públicas y cuando en el de las verdades privadas.


    Para Espafa:

    Dotar de explicación a una experiencia religiosa no elimina el misterio por el que tales experiencias se distinguen. A ver si me explico. Marina reconoce que él habla desde fuera del círculo religioso y que no puede más que describir las experiencias de las que le ha llegado noticia. Es decir, Marina no es un místico. Afirma que a lo único que, bajo su criterio, puede aspirar la filosofía -el discurrir racional- es a relacionar las propiedades lógicas de la existencia con las que, tradicionalmente, han caracterizado el "mundo" de lo revelado religiosamente, de lo divino. Igualmente afirma que las experiencias estéticas y naturales no explican a las experiencias religiosas. Cuando un científico accede a lo real a través de la esencia de las cosas precisamente pierde de vista aquello que subyace debajo de ellas. Uno de los padres de la física cuántica, Erwin Schrödinger, resume así la situación:

    "La ciencia no sabe nada de lo bello o lo feo, de lo bueno o de lo malo, de Dios y la eternidad. La ciencia es incapaz de explicar mínimamente por qué la música puede deleitarnos. Por lo general la ciencia se proclama atea, lo cual no resulta asombroso. Si su imagen del mundo no contiene siquiera lo azul, lo amarillo, lo amargo, lo dulce, ni la belleza, el placer o la pena, si la personalidad queda convenientemente excluída de ella, ¿cómo podría contener la idea más sublime que puede concebir la mente humana?"

    Los padres del existencialismo -Heidegger y Sartre- llegan a más y hablan de que lo que caracteriza el apercibimiento de la existencia de los entes no es ni el percatarse de su belleza -estética-, ni entender el "logos" de su comportamiento o sus propiedades -ciencia-. Lo que realmente hace de la percepción de lo existente algo especial es "el encontronazo, la admiración" que nos provoca; es el simple y puro hecho de que haya algo que se opone a nuestra voluntad, que ejerce un poder que se resiste a nuestros deseos. Es el "poder de lo real", su eficacia, la tremenda distancia que hay entre pensar algo y hacer algo, lo que supone un misterio insondable. Es el hecho de que la existencia esté ahí en lugar de no estar -que se manifieste con una asertividad absoluta, sin medias tintas- lo que ha fascinado a gentes de todas las culturas.
    Una cita final de Marina en la que intenta comprender este misterio a través de la experiencia de el que quizás es el mayor poeta del siglo XX, Rainer Maria Rilke:

    "Les decía que esta experiencia del existir, o, para ser más exacto, el acceso a lo real a través del existir, más que a través de la esencia, tiene mucho parecido con la experiencia estética. A modo de ilustración voy a hablarles de una experiencia de Rilke. La decribe en su "Diario Español". Cuenta que estando en Duino, salió a leer al jardín. Se apoyó en un árbol y olvidando el libro se dedicó a contemplar los arbustos y las flores. Tuvo entonces la extraña sensación de que del interior del árbol en que se apoyaba pasaban a su interior vibracoines imperceptibles. 'A ello hay que agregar', escribe, 'que, en los primeros momentos, los sentidos no podían comprobar bien por dónde recibían una comunicación tan sutil y difusa. Pero al mismo tiempo el estado así originado era tan perfecto y sostenido, tan distinto de todo, pero a la vez tan inexplicable por una simple exaltación de la experiencia cotidiana, que, a pesar de toda su delicia, no cabía pensar en llamarla goce'. Interpreta la situación diciendo que 'ha pasado al otro lado de la naturaleza' ¿A qué lado? Contempla unas vincas, flores de sotobosque, pequeñas, humildes. (...) Rilke las había mirado muchas veces, pero ahora las contempla de una forma nueva 'desde una distancia, por decirlo así, espiritual, con significación tan inagotable como si ya nada se la pudiera ocultar'. "

    (...)

    "Esta experiencia se convirtió en el centro de la poesía de Rilke. Las cosas aparecen de un modo nuevo porque resaltan en un nuevo espacio, al que llamó "lo abierto". 'Es entonces cuando de estas cosas, de su existencia cerrada viene como un sabor dulce y osado' (...) Tuvo otras experiencias parecidas (...) Rilke, en su carta a Hulewicz, su traductor polaco, explica el concepto de lo abierto: 'No se quiere significar con "lo abierto" ni cielo, ni aire, ni espacio, puesto que también éstos son, para quien los considera y enjuicia, "objetos" (Gegenstände: lo que está enfrente), y, por ello, "opacos" y cerrados. El animal, las flores, probablemente son todo esto, sin darse cuenta de ello, y, por consiguiente, tienen ante sí y sobre sí aqulla indescriptible libertad alerta que quizá sólo encuentra su equivalente (extremadamente fugaz) en los primeros momentos del amor, cuando un hombre ve en otro, en el amado, su propia inmensidad. Y también en la elevación hacia Dios'."

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  7. A Espafa:

    "...si por alguna razon deseas conservar tus explicaciones las guardes un txt pues hay por ahi una especie de individuo alergico a la logica q en cuanto ve explicaciones o argumentos que van contra sus creencias no duda en borrarlas..."

    Gracias por avisar. Ya he tomado medidas. Por cierto que me parecería muy triste que algo así sucediese: colocaría a un foro ateo a la altura del de Hazteoir. Entra repelús sólo de pensarlo...


    "yo creo q si esta explicada [una experiencia religiosa] ya no tiene misterio..."

    Verás, yo, como Marina, hablo desde fuera del círculo religioso. Jamás he tenido una experiencia de este tipo, por lo tanto, hablo de oídas. Sería como que un ciego intentara explicarle los colores a otro ciego. Sin embargo sí que tengo acceso a otro tipo de experiencias gracias a las cuales puedo comprender más o menos este fenómeno. Por ejemplo, a pesar que entiendo la teoría que explica la razón por la que un imán atrae a unas limaduras de hierro no puedo dejar de sorprenderme cada vez que veo como tal cosa ocurre. Como físico tengo la posibilidad de entender la esencia -el qué, el como, el por qué- del asunto. Manejo unos conceptos que modelizan lo que veo de manera que puedo entender las razones por la que tal cosa sucede pero, sin embargo, eso no hace que me resulte menos fascinante el hecho en sí. Quiero entender que es a esto a lo que se refieren Marina cuando cita tantos casos provenientes de distintos ámbitos de la cultura- la creación poética, la creación científica, la creación técnica, la creación ética, etc...- que afirman sentir como la acción es una manifestación del "poder de lo real". A nivel puramente fenomenológico la cuestión es simple: Beber no es lo mismo que pensar en que bebemos. Ese poder del agua de "calmar la sed" puede ser explicado, pero en último término la sensación no se puede universalizar. Por tanto cuando me refiero a misterio no hablo de "falta de explicación de la esencia del asunto", sino a la gran distancia que existe entre imaginar algo y experimentar ese algo, entre saber y actuar.


    "...yo no veo la diferencia entre percatarse de algo bello y el encontronazo q provoca admiracion"

    El existencialismo maneja un lenguaje bastante alejado de la filosofía común. Heidegger, en Ser y Tiempo, la obra cumbre de esta corriente filosófica, se ve obligado a inventar toda una terminología para etiquetar a los distintos entes así como a la forma en la que nos relacionamos con ellos. Yo he hablado de admiración, de encontronazo. Él suele usar el oscuro término "curarse de". El hombre -el ser-ahí - se cura de la existencia, lo cual es previo, anterior, a "procurarse de" ella. Procurarse de lo que lo rodea es, en otros términos, adquirir un mundo, hacerse una teoría ontológica, ensayar una explicación de las cosas. El percatamiento de la existencia de las cosas es, por tanto, previa a cualquier tipo de teoría sobre "qué" es esa cosa.
    Un ejemplo banal. Imagina que entras en una habitación a oscuras. Empiezas a tantear el aire mientras das unos pasos y de pronto tu mano nota algo. Te percatas de que algo existe ahí. Aún no sabes lo que es. Mientras vas recorriendo su superficie las sensaciones que llegan a tu cerebro provenientes del sentido del tacto son comparadas con el contenido de tu memoria. Al cabo de cierto tiempo acabas relacionando un elaborado concepto con ese objeto. No era más que una silla. Lo que quiero decir es que la esencia de las cosas surge en nuestro intelecto muy a posteriori del percatamiento de su existencia. La esencia es producto de una elaboración mental muy compleja absolutamente dependiente de nuestro mundo conceptual. La esencia de los objetos es un producto cultural. Un médico no "ve" lo mismo en una radiografía que un profano y sin embargo le llega el mismo estímulo a sus ojos. Igualmente, VanGogh, cuando miraba el rincón polvoriento del interior de una casa pobre decía "encontrar belleza" en ese rincón. La inteligencia transfigura los datos de los sentidos creando, en algunos casos, la belleza. Sin embargo la experiencia previa, la del encontronazo con la existencia de las cosas no está mediada por la cultura. Es previa a cualquier "logos", a cualquier intelectualización. Cuando me encuentro con la silla en el interior de la habitación oscura no pienso que sea "bella". La experiencia estética es de otro nivel que la experiencia a la que se acaba denominando religiosa -que como digo Marina interpreta que es realmente una experiencia existencial-, es posterior y producto de la cultura.


    "Yo pienso que no hay divinidad en esos sentimientos humanos son precisamente eso : humanos"

    Sí, por supuesto que sí. Los sentimientos son humanos, y son lo que nos une a la existencia. No he dicho que las experiencias en sí sean algo divino. Sartre decía, acertadamente, que nada asegura a aquellos que dicen haber visto un ángel que tal ángel exista independientemente de en su imaginación. Es innegable que, si no mienten, han experimentado algo. Pero de ahí a poder demostrar la interpretación que dan a ese algo media un mundo. Pensar que una experiencia religiosa -v.g. la paradigmática como es la del "poder de lo real"- puede llevarnos neceariamente a la conclusión de que la interpretación que le damos es verdadera es un exceso epistemológico. Por lo tanto, no se trata de que Marina afirme que hay una realidad trascendente detrás de las experiencias religiosas. La filosofía no puede llegar a eso. Lo que sí que puede hacer es afirmar que las propiedades que se le dan a la Existencia son muy parecidas -fundamentalmente las mismas- que históricamente han atribuído las religiones a la divinidad. Son esas propiedades que he explicado anteriormente: autosuficiencia, ausencia de límites, eternidad, omnipotencia, etc.


    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses

  8. A Voltaire_2005:

    "...el que afirma es el que está obligado a demostrar lo que afirma. Y no lo han demostrado. El párroco que mañana viernes 27 de enero de 2006 se sentará ante un tribunal en Italia denunciado por Luigi Cascioli tiene que demostrar que Jesús existió para que sus afirmaciones en la hoja parroquial no sean falsedades y engaños."

    Para Voltaire_2005:

    Efectivamente la demostración corre al cargo de quién afirma algo. Y esto es así siempre que nos movamos en el terreno de las verdades públicas, universales. Si Jesús existió debe ser probado por aquellos que se dedican a probar juicios universales, es decir, por los historiadores, los científicos. Los teólogos no se dedican a eso. Los teólogos creen por dogma de fe en su existencia histórica y además en las propiedades divinas de Jesús. Y no necesitan ninguna prueba científica de ello. En este juicio, por tanto, el teólogo en cuestión no irá en calidad de teólogo sino en calidad de historiador e intentará aportar -supongo yo- evidencias de la historicidad de Jesús. A mi esto no me suscita interés alguno más que la mera curiosidad por comprobar si hay algún avance en tan trillado asunto, que lo dudo. Cientos de historiadores se han dedicado a eso durante siglos y, como dice Marina en su libro, los resultados son decepcionantes.
    Lo que tienes que entender -y sobretodo tienen que entender los que se encuentran en el interior del círculo religioso- es que las afirmaciones dogmáticas de una religión son creencias injustificables en el ámbito público. Porque es que no necesitan serlo. La confianza que tiene un cristiano en que Jesús resucito no debe aspirar a una categoría epistemológica mas elevada que la de mi confianza en que tal persona cumplirá su promesa. A clarificar esto dedica un par de capitulos Marina en su libro que, creo, te vendría bien leer.


    "Un dogmatismo es la antítesis de la verdad "

    Esto no es cierto. Un enunciado dogmático puede ser verdadero perfectamente, o falso. Lo que no será jamás es universalizable. Su ámbito de verificación es privado, no público. Esto es lo que diferencia a una verdad religiosa, estética o sentimental de una científica o ética. Mientras que aquellas se basan en evidencias privadas éstas lo hacen en evidencias públicas, accesibles a cualquiera por el simple hecho de que todos estamos instalados en el círculo profano.


    "La existencia de "Dios" NO ESTÁ DEMOSTRADA, así que no puedes hablar de que "Dios no miente"

    No has entendido el sentido de mis palabras. Que Dios no miente es verdadero por definición. Un ser omnibenevolente, omnisciente, omnipotente, etc..., no miente. Como los católicos creen en ese Dios entonces jamás aceptarán que les hubiera concedido la fe en un personaje (Jesús) que no existió. Para un creyente una verdad dogmática es de rango superior a una verdad científica ya que los humanos sí que nos podemos equivocar. Lo que Marina propone justamente en su libro es el Principio ético de la verdad, es decir, que siempre que una verdad privada entre en conflicto con una verdad pública deba prevalecer esta última.

    "Si Marina ha escrito un libro que se titula Por qué soy cristiano es porque efectivamente Marina es cristiano con todo lo que ello implica, creencia en el Dios cristiano, etc"

    Eres algo integrista. No sólo se tiene por qué poder entender el término "cristiano" según el dogma contemporaneo del catolicismo o de las distintas sectas protestantes . Marina interpreta el mensaje de Jesús de cierta manera -la de los primeros seguidores de Jesús- y con esa interpretación se sitúa bajo la denominación de cristiano. La etimología nos enseña que lo más corriente es que las palabras varíen su significado -restringiéndolo o más usualmente extendiéndolo- a lo largo del tiempo. Ahí tienes como ejemplo el término "matrimonio" que pasó de ser un vínculo materno entre éstas y sus vástagos a una institución de los patriarcados para asegurarse la dominación de la mujer. Ahora incluso se extiende su utilización a las parejas homosexuales, tanto de hombres como de mujeres. El significado de las palabras es producto de su historia.

    Saludos.

    Comentario de Mikimoss hace 3 años y 47 meses


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